Alguna que otra vez hemos hablado de la impresión 3D, una curiosa forma de reproducir y fabricar objetos que consiste en la deposición, con una alta precisión, de capas de plásticos y otros polímeros para formar un objeto tridimensional. Tanto las impresoras 3D como las piezas que se pueden fabricar en esos dispositivos cada vez son más habituales porque permiten a ingenieros, mecánicos e, incluso, médicos, fabricar sus propios repuestos sin necesidad de depender de un fabricante a la hora de desarrollar un prototipo o una reproducción. Tal y como hemos comentado, la impresión 3D se suele realizar con polímeros (que se pueden llegar a someter a tratamientos con luz ultravioleta) o incluso con escayola o celulosa (aunque requieren un tratamiento posterior para darle mayor resistencia al material), un variado conjunto de materiales al que parece va a sumarse un viejo conocido que lleva con nosotros más de 70 años: el nailon.

El nailon también es un polímero artificial que fue descubierto en 1935 por Wallace Hume Carothers y fue patentado por éste y los Laboratorios DuPont en 1938. Esta fibra sintética se desarrolló con la idea de buscar un sustituto mucho más fuerte y elástico a fibras textiles como la seda y el rayón para que resistiese a las polillas y, además, no requiriese ser planchado (prendas anti-arrugas). A finales de los años 30, el nailon revolucionó el mercado estadounidense de las medias pero al estallar la Segunda Guerra Mundial, la producción se centró en el esfuerzo bélico y fue la base, por ejemplo, con la que se confeccionaron los paracaídas que utilizó la 82 y 101 división aerotransportada el día D. Imagen de previsualización de YouTube

Esta fibra, que hoy en día es tan popular, es capaz de resistir temperaturas de hasta 263 grados celsius y son muy resistentes, un par de propiedades que podrían aprovecharse para desarrollar piezas con este material para su fabricación con impresoras 3D. Si a estos detalles le sumamos que un engranaje realizado en nailon no requiere lubricación que proteja el desgaste, el abanico de posibilidades que nos ofrece este material es enorme y, por ejemplo, podría ser la base para nueva generación de repuestos mecánicos que no necesiten de grandes almacenes de suministros (solamente un ordenador, archivos con los planos, nailon y una impresora 3D capaz de utilizar este material). Imagen de previsualización de YouTube

Cada día parece más claro que nos acercamos a un futuro en el que este tipo de dispositivos nos dotará de gran autonomía e independencia y, básicamente, en vez de pagar por un repuesto (que a veces en los coches suelen ser bastante caros), quizás únicamente pagaremos por acceder a sus planos para poder fabricarlos en nuestra propia casa, por ejemplo, usando nailon.